viernes, 17 de abril de 2009

MUSA FUGAZ


Una mariposa bailaba bajo el sol de primavera. Salió de la nada y fue a posarse directa y rotundamente sobre las narices de Tlatoani El Inspirado atraída quizás por el leve resplandor que brota de sus ojos. El vagabundo avenido a Profeta se quedó quieto mirando los hábiles diseños multicolores. Maravillado por la inesperada aparición escribió algunos sonetos sin acertar a moverse y respirando con sumo cuidado para que el hada no levantara el vuelo. Sin mayor motivo, la enjoyada criatura voló lejos cuando aún Tlatoani El Deslumbrado suspiraba versos y canciones. La maravilla alada se perdió rápidamente de vista en el cielo azul. Tlatoani El Boquiabierto reflexionó:
 -Esta mariposa me ha dado un lapsus brutus de inspiración y luego voló lejos de mí obedeciendo a su naturaleza de humo; nada me debe, le debo algunas letras póstumas. Adiós rosa voladora. Se fue la musa pero quedaron las dedicatorias. 
Tlatoani El Reconfortado titubeó un poco, se encogió de hombros, metió las manos en sus  bolsillos vacíos y siguió su camino, sin pena ni gloria.

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