martes, 21 de abril de 2009

DE LA MESA AJENA


En cierta ocasión, Tlatoani El Bienaventurado fue invitado a un exquisito banquete. Cuando le sentaron en la gran mesa pudo apreciar la gran variedad de platillos exquisitos. Era una colección de bocadillos y guisos dignos de un rey. Ese día Tlatoani comió sin limitación alguna. Cuando hubo satisfecho su hambre recobró la cordura y entonces observó a su alrededor. Notó que los anfitriones e invitados principales adolescían de exceso de peso, artritis, reumatismo, gota y otras lindezas. Los meseros, gente humilde del pueblo, en cambio, eran delgados y al parecer gozaban de espléndida salud. Tlatoani El Prevenido dedujo entonces que el lamentable estado de salud de la clase dominante se debía al exceso de comida de que disponían en su mesa. Luego de cumplir con los obligatorios protocolos sociales, Tlatoani salió a la calle con un globo por estómago. -Lo malo de comer en mesa ajena es que debes comerte lo que te pongan enfrente. Mi escuálido cuerpo y mi preclaro entendimiento no me permite tomar más de lo necesario para funcionar. Desde hoy comeré en mesa de tablas bajo la sombra de un árbol. Me costará sacrificar el ser invitado a mesas finas, pero ganaré un día más de vida por cada convite desdeñado. Y Tlatoani El Inflamado siguió hacia su humilde vivienda feliz de haber aprendido una lección.

viernes, 17 de abril de 2009

MUSA FUGAZ


Una mariposa bailaba bajo el sol de primavera. Salió de la nada y fue a posarse directa y rotundamente sobre las narices de Tlatoani El Inspirado atraída quizás por el leve resplandor que brota de sus ojos. El vagabundo avenido a Profeta se quedó quieto mirando los hábiles diseños multicolores. Maravillado por la inesperada aparición escribió algunos sonetos sin acertar a moverse y respirando con sumo cuidado para que el hada no levantara el vuelo. Sin mayor motivo, la enjoyada criatura voló lejos cuando aún Tlatoani El Deslumbrado suspiraba versos y canciones. La maravilla alada se perdió rápidamente de vista en el cielo azul. Tlatoani El Boquiabierto reflexionó:
 -Esta mariposa me ha dado un lapsus brutus de inspiración y luego voló lejos de mí obedeciendo a su naturaleza de humo; nada me debe, le debo algunas letras póstumas. Adiós rosa voladora. Se fue la musa pero quedaron las dedicatorias. 
Tlatoani El Reconfortado titubeó un poco, se encogió de hombros, metió las manos en sus  bolsillos vacíos y siguió su camino, sin pena ni gloria.

domingo, 5 de abril de 2009

DEL HOMBRE Y DE LA MUJER


Estaba Tlatoani El Decepcionado rumiando sus pensamientos bajo un árbol de mezquite mientras daba vueltas en su mente esta frase que algún desencantado acertadamente le inoculó en las venas: "Una mujer se casa con un hombre esperando que él cambie... pero él nunca cambia; un hombre se casa con una mujer esperando que ella nunca cambie... pero al final ella cambia..."
Y es que sacando cuentas, el pre-claro Tlatoani no ha cambiado mucho desde que era niño, en muchos aspectos sigue siendo un mozalbete.