martes, 21 de abril de 2009

DE LA MESA AJENA


En cierta ocasión, Tlatoani El Bienaventurado fue invitado a un exquisito banquete. Cuando le sentaron en la gran mesa pudo apreciar la gran variedad de platillos exquisitos. Era una colección de bocadillos y guisos dignos de un rey. Ese día Tlatoani comió sin limitación alguna. Cuando hubo satisfecho su hambre recobró la cordura y entonces observó a su alrededor. Notó que los anfitriones e invitados principales adolescían de exceso de peso, artritis, reumatismo, gota y otras lindezas. Los meseros, gente humilde del pueblo, en cambio, eran delgados y al parecer gozaban de espléndida salud. Tlatoani El Prevenido dedujo entonces que el lamentable estado de salud de la clase dominante se debía al exceso de comida de que disponían en su mesa. Luego de cumplir con los obligatorios protocolos sociales, Tlatoani salió a la calle con un globo por estómago. -Lo malo de comer en mesa ajena es que debes comerte lo que te pongan enfrente. Mi escuálido cuerpo y mi preclaro entendimiento no me permite tomar más de lo necesario para funcionar. Desde hoy comeré en mesa de tablas bajo la sombra de un árbol. Me costará sacrificar el ser invitado a mesas finas, pero ganaré un día más de vida por cada convite desdeñado. Y Tlatoani El Inflamado siguió hacia su humilde vivienda feliz de haber aprendido una lección.

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